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La disrupción es la nueva normalidad. ¿Está su empresa preparada para afrontarla?

supply chain disruption

Pregunte a cualquier responsable de operaciones cómo han sido los dos últimos años y la respuesta será bastante similar: justo cuando parece que todo se estabiliza, algo vuelve a cambiar. 

Un proveedor deja de responder. Los gastos de envío se disparan. Un acontecimiento geopolítico cambia por completo los supuestos en los que se basaba la planificación. Un incidente de ciberseguridad en algún punto de la cadena de suministro repercute en todo el sistema.

Esto no es una situación temporal. El estudio de Forterro sobre las empresas industriales medianas de Europa, para el que se encuestó a más de 1250 altos directivos de toda Europa, concluyó que la disrupción en la cadena de suministro es el reto más acuciante para las empresas industriales, seguida de cerca por la exposición a los aranceles estadounidenses, la incertidumbre económica global y la tecnología obsoleta. Las condiciones en las que operan actualmente las empresas industriales no se resolverán fácilmente, y la mayoría de los directivos lo saben.

Como dice Benoît Wambergue, vicepresidente de Forterro: «Es prácticamente imposible predecir qué rumbo tomará el mundo, por lo que el mercado industrial de tamaño medio debe protegerse lo mejor posible. Las empresas deben ser escalables, flexibles y estar preparadas para el futuro».

Para muchas empresas, la cuestión ya no es cómo recuperar la estabilidad, sino cómo construir operaciones que puedan seguir avanzando independientemente de lo que cambie a su alrededor.

La diferencia entre sobrevivir y adaptarse a la disrupción

Existe una distinción importante entre las empresas que sobreviven a la disrupción y las que están preparadas para adaptarse. Sobrevivir a la disrupción suele implicar reaccionar: buscar alternativas a toda prisa, tomar decisiones con información incompleta, y perder tiempo y márgenes en el proceso. Estar preparado para adaptarse a la disrupción es algo muy distinto. Significa tener la visibilidad, las conexiones y la flexibilidad necesarias para afrontar un impacto sin perder impulso.

Esa distinción se manifiesta de forma práctica:
  • Cuando falla un proveedor clave, una empresa resiliente puede ver el impacto de inmediato, identificar alternativas y ajustarse sin dedicar una semana a una investigación manual.
  • Cuando los costes cambian de la noche a la mañana, los equipos disponen de visibilidad en tiempo real para tomar decisiones rápidas, en lugar de esperar un informe que llega demasiado tarde para actuar.
  • Cuando surge una ciberamenaza, y el estudio revela que la ciberseguridad es ahora la principal prioridad estratégica de las empresas industriales, citada por el 31 % de los encuestados, las operaciones resilientes cuentan con la infraestructura necesaria para seguir avanzando en lugar de paralizarse.

Dónde se oculta la fragilidad

La mayoría de las empresas no se consideran frágiles. Y, en condiciones normales, no lo son. La fragilidad suele residir en las carencias: sistemas que no se comunican entre sí, procesos que dependen de que una persona concreta sepa qué hacer en el momento adecuado o relaciones con proveedores que carecen de un plan de contingencia documentado en caso de problemas.

Cuando las condiciones se mantienen estables, estas carencias son manejables. Pero, cuando las condiciones cambian rápidamente, como es el caso en la actualidad, esas mismas carencias se convierten en vulnerabilidades graves. No obstante, a pesar de ser conscientes de los desafíos que se avecinan, más del 60 % de las empresas industriales que participaron en el estudio calificaron sus avances en transformación digital en los últimos tres años como deficientes o solo suficientes. 

En un mundo estable, esto supone una desventaja gradual. Pero, en el entorno en el que operan hoy las empresas, se trata de una carencia con consecuencias reales: decisiones más lentas, oportunidades perdidas y operaciones que tienen dificultades para absorber la presión sin perder terreno.

La resiliencia como ventaja competitiva

Hay algo más que conviene tener en cuenta. En un entorno en el que la disrupción es constante, la resiliencia no consiste solo en proteger lo que se tiene, sino que se está convirtiendo cada vez más en un factor diferenciador competitivo. Las empresas capaces de responder con mayor rapidez, cumplir con los plazos de entrega de manera más fiable y adaptarse sin perjudicar la experiencia del cliente están superando a las que no pueden; no porque tengan más suerte, sino porque están mejor preparadas.

Las empresas que se desenvuelven bien en el contexto actual no son las que esperan a que las cosas se estabilicen, son las que invierten en sentar las bases operativas conectadas y flexibles que les permitan seguir avanzando independientemente de lo que suceda.

Por dónde empezar

Desarrollar resiliencia no significa cambiarlo todo de golpe. Significa entender con claridad dónde están conectadas las operaciones y dónde no, dónde fluye la información libremente y dónde se estanca, y qué carencias entrañan el mayor riesgo teniendo en cuenta lo que está ocurriendo en el mercado en estos momentos.

Esa visión honesta, de la resiliencia y de las demás dimensiones que impulsan la madurez digital, es lo que ofrece a las empresas un punto de partida estructurado y una idea clara de cómo es realmente el progreso.

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